El virus que viajó por la autopista y aprovechó las reuniones sociales

Desde esta parte del planeta, Villa María es un reflejo de ello: padece el coronavirus con diferentes personalidades y sin distinciones de clases sociales ni profesiones. Sin embargo, la particularidad que asimila los casos es la consecuencia de las reuniones sociales, las que estuvieron en todas las historias de contagio más importantes del mes. Al margen de lo que significó la llegada inicial del COVID-19 a Villa María, con aquellas personas provenientes de otros países, el número más amplio de casos se plasmó desde el corredor de la autopista y cuenta con tres brotes bien definidos: Oliva, Marcos Juárez y Córdoba, en ese orden cronológico. Para el COE Regional, más allá de cada caso, el conglomerado Villa María-Villa Nueva se comportó bien, ya que -siendo una de las grandes urbes de la provincia-, no llevó el virus hacia otras localidades, pero se vio afectado por diferentes circunstancias que vale la pena repasar. Una historia clave se dio en Oliva. Allí, un conocido contador se encontraba con COVID-19, pero se enteró tarde. Mientras tanto, recibió a sus clientes, muchos de la zona, con el afecto de siempre: la mano, el mate compartido, la charla cara a cara. Algunos de esos clientes eran villamarienses -mayores de 30 años-, aunque otros vecinos de esta ciudad también se juntaron con el profesional durante un asado en Tío Pujio, donde nació un pequeño brote, producto de la vida social y activa de este profesional, que violó todos los protocolos y, por ende, terminó imputado. Silenciosamente, el virus hizo el recorrido por la autopista: de Oliva llegó a Villa María, sin que los médicos que luchan diariamente contra la pandemia tuvieran todavía noticias de esta ramificación. Al no registrarse síntomas entre los primeros afectados locales, los jóvenes hijos de esos clientes del contador también se infectaron y, sin saberlo, participaron en otras reuniones sociales: asado, cumpleaños, jarra compartida con amigos en casa quinta... Como si nada. El problema es que el contador se enteró tarde de su contagio y, en el lapso de cinco días, justo durante un fin de semana, sus contactos estrechos llevaron el virus con una velocidad preocupante. En ese contexto, el brote Oliva causó una cantidad de contagios que, hasta hoy, sigue siendo perseguido por los infectólogos que trabajan para el COE Regional. Un hombre que se encontraba contagiado en Córdoba, desconociendo de su enfermedad, viajó hasta esa ciudad del sudeste para participar de un bautismo. En la celebración terminaron infectadas cerca de 20 personas (entre asistentes y contactos estrechos), una de las cuales viajó luego a Villa María con el virus a cuestas. En la ciudad, esta persona participó también de una reunión social que provocó el contagio de otros vecinos. Nadie en esa fiesta se imaginaba que podía terminar en aislamiento de 14 días, hasta que finalmente el visitante que había viajado de Córdoba se enteró que dio positivo y el COE empezó a tejer la red de los contactos. Allí se supo que el virus había penetrado a Villa María, pero desde otro sector de la autopista. Un hombre que llevaba la palabra de Dios en Córdoba decidió radicarse en Villa María para instalar una iglesia evangélica con mejores perspectivas. Desde esta ciudad, un colega prometió alojarlo en su casa y el tipo finalmente se vino con la habilitación para circular, gracias a su profesión de culto. El pastor foráneo se trataba de un contacto estrecho de una persona contagiada de COVID-19 en Córdoba, pero aparentemente no lo sabía. En tiempos donde la crisis económica y el temor por la pandemia se tornan un desafío para la fe de las personas, esta iglesia con aspiraciones de proyección comenzó con las reuniones de culto entre el barrio Los Olmos y Las Playas. Más de 200 personas participaron de la reunión religiosa que encabezó el nuevo pastor, recientemente radicado en la ciudad. Y gran parte de esos fieles recibió el coronavirus cuando, paradójicamente, fueron a buscar la sanación de Dios. Entre los participantes había cerca de cuatro empleadas domésticas, una de las cuales fue a trabajar al lunes siguiente a las dos casas. En uno de esos domicilios, en pleno centro de la ciudad, terminaron infectados los dueños de casa y una de sus hijas. Se trata de una familia con mucha vida social que -como en todas historias- se enteró tarde del contagio. La joven hija de la pareja dueña de casa nunca dejó de juntarse con sus amigas de siempre, las que la acompañaron en la celebración de una conquista personal (una mudanza). El grupo de chicas festejó con una cena y una fiesta íntima que contó con más de 30 personas. Lamentablemente, el virus también hizo “su fiesta” y afectó a algunas amigas y amigos de la joven. En el estudio de cada contacto estrecho, el COE hisopó incluso hasta abuelos de esos jóvenes, aislando a personas conocidas que nunca se imaginaron atravesar esta situación. Así, cada pequeña historia que intentó ser buena terminó siendo dolorosa. De cada una, mientras, hay personas infectadas de todas las edades y clases sociales, aunque la mayoría es joven y se encuentra asintomática. Para el COE Regional, este último dato no generó un gran problema desde la ocupación de camas COVID, ya que solo una persona de las últimas 100 se encuentra internada en terapia intensiva. La otra certeza es que si todos hubiesen cumplido con el protocolo sanitario básico (distanciamiento social, barbijo, lavado de manos), habría un porcentaje bajo de contagios, más allá de la “picardía” de armar grandes reuniones, que eludieron los controles. Fuente: El Diario

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