Conspiracionistas

Anticuarentenas, antivacunas, terraplanistas y neonazis. Toditos mezclados. El antecedente de "Los Protocolos de los Sabios del Sion", la manipulación más potente y duradera de la historia de la humanidad... Los denominados movimientos anticuarentena son fenómenos complejos sobre los que no caben análisis simplistas o unívocos. Tampoco son manifestaciones que puedan restringirse a determinados países o regiones del mundo. Hubo expresiones más o menos masivas en algunas ciudades argentinas, particularmente Buenos Aires, pero también en otras capitales del mundo, como Berlín, Madrid, Bruselas y Vancouver (Canadá). También es muy heterogénea la composición de estos movimientos, y por ende el abanico de demandas que expresan. Conviven en ellos personas que piden mayor flexibilización y apertura en el contexto de la cuarentena, con otras que esgrimen consignas y reivindicaciones de las más variadas y, en algunos casos, de las más absurdas. La pandemia ha propiciado la emergencia pública del conspiracionismo, corriente que atribuye a complots –generados por los gobiernos, los medios de comunicación o empresas- la ocurrencia de numerosos hechos. Para los que se enrolan en estos movimientos, cuyas posiciones incurren casi siempre en el desatino más burdo, pueden ser inventos del “poder mundial” desde la existencia del COVID-19, la eficacia de las vacunas o incluso la redondez de la Tierra. De hecho, suelen concurrir a las marchas anticuarentena militantes del movimiento antivacunas y terraplanistas, que coinciden en una visión del mundo que considera que todo lo que vivimos es “una conspiración”. Algunos de los representantes de estas posiciones son más bien pintorescos, pero no habría que desestimar el crecimiento e inserción social de algunos grupos ligados a la extrema derecha, que se reivindican incluso como neofascistas o neonazis. Tienen mayor presencia en Europa, pero también se los puede ver en países latinoamericanos, incluido la Argentina. En las consignas que hacen públicas en las manifestaciones, o también en las redes sociales, donde los mensajes de odio circulan asiduamente, se advierten informaciones falsas que abonan sus teorías disparatadas. Pero, se insiste, no habría que minimizarlas en su influencia. Deberá recordarse que tanto el nazismo como el fascismo ganaron mucho terreno a partir de la divulgación masiva de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, un libro antisemita publicado por primera vez en 1903 que sostenía que los judíos habían elaborado un programa para conquistar a la humanidad. Todo era falso. Los investigadores coinciden en que se trata de la mayor manipulación masiva de la historia de la humanidad, pero contribuyó a sembrar el espíritu antisemita que persiste aún en el mundo. Para evitar la propagación de falsas teorías conspiracionistas, que no hacen otra cosa que enturbiar el debate sobre temas en los que es lógico que haya controversias, la sociedad debe asumir necesariamente una postura crítica. No tiene por qué aceptar sin cuestionamientos los discursos que vienen del poder, pero tal actitud no debe confundirse con posturas irracionales que, aunque puedan aparecer como absurdas, esconden intenciones peligrosas que no deberían subestimarse. Fuente: Marcelo Gallo (Periodista El Ancasti)

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