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Islandia, el ejemplo a imitar sobre el COVID-19


Lo más temible del nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, es que muta y evoluciona para sobrevivir. Se vuelve más infectivo (contagioso) y disminuye la severidad de la infección que produce”, lo que propicia que el virus viaje con libertad entre personas que interactúan socialmente y apenas presentan síntomas. O, a lo sumo, una especie de “gripe moderada”. ¿El resultado? Una diseminación exponencial de la pandemia, que empezó con un puñado de casos en China en diciembre y terminó causando más de 3.000.000 de infecciones confirmadas en casi todo el planeta.

Quien explica este “modus operandi” es Kari Stefansson, un neurólogo y genetista islandés que fundó y dirige DeCODE genetics, una empresa biofarmacéutica basada en Reikiavik, pionera en el estudio de genes en poblaciones y su relación con enfermedades, quizás uno de los “cartógrafos” más exhaustivos en el mapeo de la epidemiología molecular de COVID-19 a partir de estudios realizados en el pequeño país insular de 364.000 habitantes. Sus hallazgos tienen implicancia universal. 

Este patrón de propagación de la enfermedad no sería mayor problema, o no tendría una magnitud tan dramática, sino fuera porque, por razones que se desconocen, una proporción minoritaria de los infectados desarrollan formas graves, requieren de asistencia en terapia intensiva y mueren. En la inmensidad del cosmos, un pequeño porcentaje es una galaxia. A la fecha, las muertes superan las 220.000, aunque una investigación de Finantial Times sugiere que el número real podría ser hasta 60% superior. 

“Esa es la gran pregunta: ¿por qué algunos son tan resistentes y algunos tan vulnerables?”, plantea Stefansson en una reunión vía Zoom de la que participó FORBES Argentina. 

DeCODE genetics, una subsidiaria de la compañía farmacéutica Amgen, con sede en California, ya había realizado el mapa genético más completo de los habitantes de un país, tal como contó FORBES en 2015. Ahora, Stefansson cree que Islandia puede ser uno de los mejores laboratorios de coronavirus vivos en el mundo. 

A mediados de abril, Stefansson lideró un equipo de médicos e investigadores que publicó en The New England Journal of Medicine los primeros resultados de un estudio que analizó de manera exhaustiva la propagación inicial de COVID-19 en Islandia, incluyendo testeos intensivos y la secuenciación del genoma viral en los casos confirmados para reconstruir cómo llegó el patógeno, la dinámica de contagios y las mutaciones que experimenta a medida que circula entre la población. También participaron miembros de la Dirección de Salud de Islandia y el Hospital Universitario Nacional de Islandia. 

Estos son algunos de sus hallazgos, así como sus recomendaciones y los interrogantes que subsisten.

La mitad de los positivos, sin síntomas: Al 4 de abril, se habían logrado identificar 1221 casos entre 9199 personas sintomáticas y sus contactos. Pero también se hizo una invitación abierta para el testeo voluntario en la población y se hallaron 87 nuevos casos de casi 11.000 personas evaluadas (0,8%), así como otros 13 que surgieron de un testeo aleatorio entre 2283 individuos (0,6%). ¿Una moraleja? Casi el 50% de las personas infectadas no presentaban síntomas, lo que respalda la hipótesis de que los “portadores silenciosos” pueden transmitir y propagar la enfermedad. 

Se puede controlar la diseminación sin confinamientos extremos: En Islandia, la estrategia adoptada fue la identificación temprana y el aislamiento de las personas con síntomas, el rastreo intenso de contactos, las medidas de distanciamiento social (cierre de clases, eventos con no más de 20 personas), aunque se dejaron los comercios abiertos. “No hemos tomado las medidas draconianas clásicas, como cerrar fronteras, pero hemos sido capaces de contener gradualmente la epidemia: desde el 13 de marzo, la transmisión ha ido disminuyendo un 2% diario”, sostiene Stefansson. A la fecha, Islandia tiene 1797 casos confirmados y 10 muertes. 

Testear, testear, testear: Uno de los pilares de la política islandesa frente a COVID-19 han sido los testeos intensivos: es el país con mayor cantidad de pruebas realizadas cada 1.000 habitantes, 143,87, una tasa que está muy por encima de la de sus seguidores Estonia (40,5), Italia (32,7), Noruega (31,8), Suiza (30,6) y Estados Unidos (18,8), según los datos de OneWorldinData. 

Apps para rastrear a los contactos: Otra herramienta utilizada han sido aplicaciones móviles para rastrear, identificar y estudiar a quienes hubieran estado a uno o dos metros de distancia de las personas infectadas. “En muchos sentidos, constituye una violación de la privacidad, pero resultó siendo efectivo: pudimos localizar la fuente de infección en casi todos los casos confirmados del país, menos nueve. Es asombroso”, señala Stefansson. “Hemos ido relativamente lejos, pero situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas”. 

El virus muta y adquiere una especie de identidad local: Pese a que el SARS-CoV-2 tiene una tasa “relativamente baja” de mutación, se transmite tanto que tiene “una oportunidad increíble de mutar”, dice Stefansson. En todo caso, esas modificaciones del genoma permiten reconstruir un árbol genealógico de la pandemia. Los análisis genéticos revelaron que, al comienzo, la casi totalidad de las pruebas en Islandia verificaban una variante o “cepa” característica del norte de Italia y Austria, por lo que el virus ingresó al país por medio de turistas que regresaban de sus vacaciones de esquí. Después, se hallaron otras variaciones genéticas de otras procedencias, como el Reino Unido o Estados Unidos. Pero, luego, el virus ya empezó a tener circulación comunitaria y adoptar una especie de identidad local. “Lo que es interesante es que cuando este virus se trasmite a una nueva locación, continúa mutando allí. Y gradualmente, aparece un juego de mutaciones que es característico de ese lugar particular”, dice Stefansson. En particular, de las más de 500 mutaciones del virus identificadas, se observaron 291 que solo aparecieron en Islandia. Lo mismo se supone que ocurre en el resto de los países, aunque no hay ninguna evidencia de que las diferentes mutaciones se hayan traducido en un distinto perfil de patogenicidad. 

El enigma de los niños y las mujeres: Los estudios en Islandia muestran que los niños menores de 10 años y las mujeres son menos proclives a contraer la infección por SARS-CoV-2 y, si lo hacen, es más probable que cursen una forma leve de la enfermedad. “¿Qué es lo genera esa diversidad en la pintura clínica? Hay tres posibilidades mayores: 1) que distintas cepas del virus se relacionen con cuadros de distinta severidad; 2) que hubiera una mayor vulnerabilidad genética de los pacientes; 3) que (niños y mujeres) hayan estado más expuestos previamente a virus similares y por eso desarrollan inmunidad pasiva. En ningún caso tenemos evidencias que apoyen cualquiera de estas hipótesis”, enfatiza Stefansson. 

Las preocupaciones: Para Stefansson, el control que ha logrado Islandia de COVID-19 es, de algún modo, “falso, breve e ilusorio”, porque se necesita levantar un poco las restricciones. “Estaría muy sorprendido si más del 2 o 3% de la población es inmune al virus. Uno teme que, en la medida en que se levanten las restricciones, el brote reemerja”. Su otra preocupación es que las mutaciones del virus le permitan evadir la inmunidad que se haya desarrollado y se transforme en un evento estacional, como la gripe. “Este virus es una bestia impredecible”, dice. 

Las expectativas terapéuticas: Stefansson señala que ya empezaron a realizar estudios de la respuesta inmune de los pacientes que pudieran conducir a nuevos tratamientos de Amgen. “Todavía es un trabajo en proceso, pero estamos viendo personas que tienen una respuesta inmune muy enérgica de modo tal de cosechar linfocitos T de memoria de esos pacientes, que podrían conducir al desarrollo de anticuerpos terapéuticos contra el virus. Es un proceso muy excitante”, afirma. De hecho, Amgen ya anunció su alianza con Adaptive Biotechnologies, una compañía basada en Seattle, para descubrir y desarrollar anticuerpos neutralizantes totalmente humanos que apunten al SARS-CoV-2. 

Fuente: Forbes Argentina

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