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Erika Palomo: Estragos ocultos del coronavirus en México.... ¿y también en Latinoamérica?


México en estado de cuarentena, se esperaría que el cuidado y el apoyo de las familias ante el COVID-19 se desarrolle de forma natural ante el temor de este virus, sin embargo, este fenómeno no ha sido más que un reflejo de la violencia machista del país que sólo utiliza esta contingencia como medio para incrementar el uso del poder y la fuerza física ante los grupos más vulnerables: mujeres, niños y ancianos.


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https://www.revistahechos.com.ar/post/femicidio_anapaola


Semanas antes de la llegada del virus a México se estaban enviando a especialistas de la salud mental artículos relacionados al incremento de la violencia debido al aislamiento. Se nos brindaron herramientas para el apoyo de las personas que ponen en nuestras manos su cuidado emocional. Los primeros informes sobre violencia y divorcios se estaban dando en China debido al aislamiento de las parejas provocando que salieran a la superficie conflictos que permanecían escondidos, el segundo país en presentar esta problemática fue España.

El 23 de marzo de 2020 se estableció como el primer día de la jornada nacional “Sana Distancia”, esta medida de contingencia incluía la suspensión de labores, ciclos escolares y el aislamiento social. Muchos esperarían que los feminicidios empezarían a disminuir; en México la violencia machista cobra la vida de al menos 10 mujeres al día (Estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas ONU).

Salvador Guerrero Chiprés, Consejero Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia de la Ciudad de México expresó la preocupación que la cuarentena estaba presentando al haber un incremento del 70% de las llamadas de auxilio vía telefónica por casos de violencia de género, pues era de esperarse, el 79.4% de los agresores de las mujeres suelen ser su pareja, el 18.8% suele ser un familiar y el 1.7% amigos cercanos de la familia; motivo que provocó que del pasado 27 de marzo, el gobierno federal presentara un plan para atender la violencia de genero durante la contingencia epidemiológica. Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios presentó recientemente un incremento del 5% de ingresos de mujeres a refugios y crecieron en un 7.2% las detenciones por violencia intrafamiliar.

Aún con estas medidas, el pasado 3 de abril Ana Paola es una víctima más de los feminicidios en México. Su madre quien había salido a surtir la despensa para el aislamiento recibió la llamada de su ex esposo para comunicarle que no conseguía localizar a su hija de 13 años. Al llegar al domicilio se encontraron con agentes de la policía y al cuerpo de su hija sin vida y “con signos de violencia en el rostro, al parecer por golpes”. Hasta el momento no se conoce al agresor, se sabe que entraron a robar al domicilio en donde violaron y mataron a la menor de edad.

Para los especialistas que nos dedicamos a la violencia de género, era de esperarse estos resultados puesto que sabemos que el agresor en su gran mayoría se encuentra dentro del hogar y en muchos de los casos dice amarla; este es un tema que resulta muy difícil para nosotros intentar hacer ver a la sociedad debido a que la gran mayoría de los cuidados que se le ofrecen a las mujeres es “de las puertas de la casa para afuera”; sin embargo, nosotros sabemos la realidad, la gran mayoría de la violencia que viven las mujeres es dentro de la casa, con su familia y con su pareja.

Ahorita las parejas se encuentran en una crisis, por crisis nos referimos a un cambio histórico donde miles de mujeres se están dando cuenta de las relaciones que viven pero los hombres se niegan a trabajar con su machismo y violencia. Esta es una de las teorías de los recientes incrementos de violencia de género en 19 de 32 estados de la república mexicana. Hombres que se niegan a reconocer sus ejercicios de poder que tienen como resultado el uso de violencia ante mujeres que se resisten y niegan a aceptar en la relación los celos, manipulación o control; al no caer en estas peticiones los niveles de violencia se incrementan hasta llegar a los feminicidios.

La violencia tiene relación con las jerarquías de poder y los pensamientos morales y estereotipados que se fomentan en la cultura latina que dan privilegios a los hombres. Se les educa a ser la cabeza de la familia y a hacer cumplir estos pensamientos morales, si una mujer decide salirse de lo que su pareja considera como “una buena mujer” a este se le da el permiso de castigarla para regresarla a este rol estereotipado usando la represión, y ejercicios de control que van desde control económico, agresión emocional, restricciones hasta golpes o la muerte.



A lo largo de la historia, si se ponen a estudiarla un poco, el tema de la dominación y sumisión está presente en muchos sucesos; los hombres han aprendido a realizarlo y a sacar provecho de esto. Mucho de los pueblos latinos hemos sido conquistados usando ejercicios de jerarquías de “opresor y obediente”, lamentablemente ya forman parte de las creencias en donde “el hombre puede y debe demostrar que es hombre” usando en su mayoría a mujeres, niños o ancianos. Esta ideología no es individualista, se fomenta en los grupos sociales, es común escuchar a amigos, primos o incluso padres burlarse de otros hombres que no pone en su lugar a la mujer o que se deja de una mujer que le pone límites, así que su siguiente ejercicio es demostrarse a sí mismo que no ha perdido ese poder usando la violencia contra su misma pareja.

Esto es un pequeño ejemplo de cómo se fomenta y ejerce la violencia en la cultura mexicana, el hombre como tal ha evolucionado y utiliza diversas estrategias muy sutiles para demostrar que “es hombre” por desgracia sólo se hace mediático y visible el tema de los asesinatos o violencia física muy extrema, esto no hace más que seguir restringiendo la información real de lo que es violencia puesto que en la gran mayoría de los pensamientos masculinos sólo “el golpe es violencia” logrando que no se reconozcan como machistas o agresores la gran mayoría de los varones que ejercen este tipo de micromachismo. Creo que ese es el reto que tenemos los especialistas de la salud, el visibilizar que el feminicidio no aparece de la nada, que es un ejercicio de violencia que se incrementa en la relación de pareja, que empieza con ejercicios muy invisibles y que, en conjunto con otras variables se puede llegar al feminicidio.





Por Erika Denisse Palomo Treviño

Licenciada en Psicología, especialista en sexualidad y equidad de género.

Educadora sexual.












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