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Ensayo de desafío: la ex soldado israelí que se ofrece a infectarse de Coronavirus



Keren Pedersen, de 29 años, forma parte de un grupo de 61 personas israelíes dispuestas a contagiarse de SARS-CoV-2 con el fin de acelerar el desarrollo de la vacuna. Los voluntarios probarán posibles vacunas recibiendo inyecciones o placebos y luego se expondrán al virus en un entorno controlado.

Pedersen, quien migró desde los EE.UU. a Israel cuando era niña, es una ex soldado de las FDI, y una ingeniera mecánica recién graduada del Instituto Tecnológico Technion-Israel que está dispuesta a someterse a un “ensayo de desafío”, que consiste en exponerse a un patógeno de manera intencional. Este método es conocido por haber sido utilizado con enfermedades como la tifoidea, el cólera, el paludismo y la gripe.

Científicos como William A. Haseltine, ex profesor de la Facultad de Medicina de Harvard y fundador de los departamentos de investigación de cáncer y VIH / SIDA de esta universidad, especificaron que consideran este estudio como “peligroso” y “poco ético”. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comunicó que los experimentos de este tipo pueden acelerar el desarrollo de la vacuna COVID-19 y que aquellas que sean distribuidas, sean más efectivas.

La organización sin fines de lucro 1 Day Sooner (1 Días más Rápido), con sede en los Estados Unidos, es la responsable de construir una base de personas listas para participar en la prueba de desafío, y hasta el momento cuenta con más de 30,000 voluntarios en todo el mundo.

En una entrevista con The Times of Israel, Pedersen, confesó que, al enterarse de la idea por medio de un podcast, asumió que era lógico y que al no encontrarse en ninguno de los grupos de riesgo y contar con la edad adecuada, podría ser voluntaria. Sin embargo, reafirmó que su respuesta emocional fue más conflictiva que su respuesta intelectual.

“Estaba consciente de todas las posibles consecuencias, incluso para alguien que está sano: posibilidad de muerte y complicaciones muy desagradables con las que podría terminar viviendo por el resto de mi vida: daño cerebral, daño al corazón y coágulos de sangre” comentó. No obstante, retomó: “Desde mi punto de vista, estoy preparada para ser voluntaria para pasar por un proceso muy desagradable con una cierta cantidad de riesgo, pero que con suerte ayudará a controlar la pandemia COVID-19 antes de lo que lo hiciéramos de otra manera”. 

Siguiendo el aspecto psicológico, Pedersen, informó que tenía en cuenta de que se trataba de una prueba que incluía semanas en aislamiento completo y controlado y que “Incluso para una persona introvertida” como ella, “a quien le gusta sentarse en una habitación silenciosa con un libro” no se trataría de una situación fácil.

Por otro lado, la reciente graduada, explicó ante la pregunta de si era madre o estaba casada, que no lo era, pero si lo fuera, la decisión “sería mucho más complicada”.

“Lo que me convenció para inscribirme fue una combinación de altruismo e interés personal ilustrado, esto último porque he estado experimentando muchas preocupaciones sobre el futuro y las consecuencias de la pandemia, con la que ya he perdido un pariente”, explicó y sostuvo que ha estado pensando en el efecto que tendrá la pandemia en la economía y la sociedad: cómo se verá la economía en un año y cinco años, como se sostendrá el sistema de bienestar y salud. Por lo tanto, reafirmó, “Hay un riesgo en el voluntariado, pero si no aprovechamos todas las oportunidades para acelerar una vacuna, eso también tendrá efectos negativos en mi salud, tal vez no directamente ahora, pero estarán allí”.

La siguiente y principal preocupación de Pedersen es el cambio climático. “El coronavirus no es una amenaza existencial para la raza humana, pero el cambio climático sí lo es. Y si vemos una recesión económica a largo plazo, existe una gran preocupación de que los países vuelvan a usar fuentes de energía sucias, como el carbón, y que se invierta menos esfuerzo en el desarrollo de energía limpia, ya que estos cambios requieren mucho capital”, detalló.

Finalmente, en relación a la ética del ensayo, al tratarse de una experimentación de una enfermedad que puede causar daños graves, Pedersen respondió: “No es una cuestión simple. La ética médica es tan conservadora en estos temas por una buena razón. Hubo muchos experimentos médicos poco éticos realizados en el pasado en los que las personas estuvieron expuestas a agentes patógenos mortales, a veces sin su consentimiento. Es bueno que el establecimiento médico haya aprendido mucho de las lecciones del pasado” y continuó: “Pero ahora, estamos dando permiso, y estamos conscientes de las posibles consecuencias. Y además, esta no es una situación normal. No es una época rutinaria. Necesitamos hacer la transición, como dice el conocido dicho hebreo, mishigra leheirum, del modo de rutina al de emergencia. Las consecuencias de no hacer un ensayo de desafío son mucho más serias de lo que serían para cualquier enfermedad en tiempos normales, cuando no están en medio de una pandemia”.

“No va a ser una experiencia cómoda. Va a requerir unos dos meses de aislamiento y pruebas de virus regulares. Así que no, no estoy entusiasmada por hacerlo, pero me apasiona hacer lo que pueda para mejorar la situación actual lo más rápido posible” concluyó.

Fuente: The Times of Israel

Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil