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El Cuento de Luis (CHIVO) Rolfo


Entre la banda, la Gloria y su paso por la selección. En el medio los goles. En el medio la vida de una persona muy querida. Humilde y sencilla que supo despertar la admiración de su pueblo natal y muy pronto la ovación de la popular albirroja.


Este es el cuento de Luis (chivo) Rolfo...

Las idas de Curioni y Kempes allá entre los años 74 y 76, hicieron movilizar a la dirigencia del Instituto Atlético Central Córdoba a buscar un centro delantero. Salir al interior no era novedoso para el club, ya que en la década del 60 cuando el presidente era Carlos Sosa, habían tomado esta modalidad para reclutar jugadores para la Gloria. En aquella oportunidad el viaje fue hacia la localidad de Calchín. El elegido fue Miguel Hugo Rivarola. El resultado fue fantástico.

Tal vez Ángel Desiderio Gútiez, presidente glorioso en aquellos tiempos, habrá pensado lo mismo... salir al interior...

Otra vez Calchín... Año 1976. El equipo que viste la camiseta de la banda se enfrentaba al Atlético Matorrales en semifinales de la liga local.

Dirigentes como Miguel Ángel Papa, Gustavo Semino el vicepresidente Mancini y el mismo Santos Turza se llegaron hasta la localidad de la ruta 13 para ver dicho partido. Algunos testigos de la época cuentan que en realidad la dirigencia de Instituto tenía la data de dos jugadores muy interesantes. Uno era el 9 de Calchín, Ramón Toscano y el otro anotado, donde el directivo cordobés apuntaba todos los cañones, era el goleador pincharrata del Atlético Matorrales, Carlos (la cabra) Palacios.

Al final no fueron ni monchos ni cabras, al final el elegido fue un chivo... Calchín ganó la semi y Rolfo marcaría 2 goles... el delantero que jugaba por afuera y acompañaba a Toscano en la delantera, parecía no tocar el suelo en la polvorosa cancha de Calchín.

Rolfo tenía 18 años y ese partido la rompió toda. La gente de Córdoba se miró a las caras y no lo dudaron ni un segundo. Rolfo era el jugador que fueron a buscar.

La charla duró unos minutos y ese mismo miércoles Luis Rolfo debía viajar a Córdoba y asistir a unas pruebas. El glorioso era dirigido por Humberto (bocha) Maschio y luchaba por entrar al Nacional. Instituto en aquel entonces contaba con un excelente plantel pero el 9 no aparecía. A la Gloria le faltaba GOL.

Rolfo necesitó tan solo dos amistosos para demostrar todo su potencial y capacidad goleadora. Maschio no dudó ni medio segundo y tampoco había tiempo que perder. Y el anuncio que tanto esperaba el pibito del interior no tardó en llegar.

Pibe... dijo el DT: La semana que viene entrenas con la primera.

La noticia impactó en su corazón como también en todos los pasillos de aquella pequeña localidad del sureste cordobés.


Rolfo llegaba a las ligas mayores...

El chivo en la docta se convirtió en Cabrito, así lo bautizaron sus compañeros. Y este cabrito de

18 añitos marcaba goles en los entrenamientos, en los partidos casi todos los domingos y en cada lugar donde hubiese un campito con dos arcos para jugar a la pelota. ¡Benditos Potreros!

Que no desaparezcan jamás.

Como cada vez que Luis volvía a su pueblo. . El campito detrás del dispensario... los amigos de la infancia... nada cambió.

Ariel Moreno: “Recuerdo sentarme en la esquina de su casa a charlar con él por la noche bajo la luz del poste de la esquina. Era un tipazo. Me marcó la vida. Yo quería ser como él. Una vez estábamos jugando atrás del dispensario donde nos juntábamos siempre y cayó. Luis ya era ídolo en Instituto.

Todos lo mirábamos. En una jugada la pelota se elevó y fue hacia su dirección. Tiró una chilena increíble, no me la puedo olvidar...

Mi tío me llevó a verlo a la cancha de Instituto. Fuimos a la popular y estaba llena. En un momento toda la gente del estadio empezó a cantar... olé olé olé oleeeee... Rolfooo Rolfooo.

Se me eriza la piel. Él era mi ídolo. El marcó mi vida. Yo quería ser como él. Era impresionante Carlos, (me dice) no lo voy a olvidar jamás”.

Santos Turza: “Rolfo era un gran jugador. Un tipo muy querido por toda la gente. Recuerdo un partido con aquel famoso Talleres de Galván y compañía. Fue en Barrio Jardín. Nosotros no veníamos muy bien. Rolfo entró en el segundo tiempo y en una de las primeras que tuvo sacó un zapatazo de 45 metros. Un remate cruzado afuera del área en el arco que da al hipódromo. El arquero era Ghibaudo. La pelota dio dos veces en el travesaño picó adentro y nunca tocó la red. Fue una locura. Salió corriendo y se trepó al tejido. Fue a festejarlo con la gente.

Creo que a partir de ahí se ganó el corazón del hincha de Instituto. Un gran tipo. Lo recuerdo con mucho cariño”.

Para continuar con la historia solo me queda agregar que Rolfo marcó más de 50 goles con la camiseta albirroja. Fue convocado a la selección del interior que Menotti junto a Saporiti armaron para jugar el panamericano en 1979. Torneo que se disputó en San Juan de Puerto Rico. Marcó uno de los goles que le dieron el triunfo y la medalla de bronce ante Costa Rica.

Fue el dueño del grito sagrado durante 4 años en la República de Alta Córdoba.

Podría remarcar que movió los piolines, en todos los clásicos que disputó. En todos! Con Talleres con Belgrano con Racing y con Júnior. Disputó el nacional con Instituto y luego su carrera continuaría en Colón. Y tal vez siempre podría agregar muchos datos más... Pero al final de cada persona consultada sobre Luis Rolfo. El relato termina con el mismo final.

Luis era un gran tipo. Lo recuerdo con mucho cariño.

Humilde, sencillo. Siempre atento.

El tiempo de Luis Rolfo finalizó un 18 de junio del año 2018.

Tal vez él terminó con su vida o tal vez la vida terminó con él. Son cosas que siempre permanecerán en la privacidad de su entorno.

Su desaparición física fue un golpe duro para todo el ambiente del fútbol. Sobretodo el cordobés. Pero su legado queda tatuado en los corazones albirrojos. En sus amigos de toda la vida.

Desde Calderón de la Barca hasta Calchín, al unísono de las voces populares, el viento se hizo eco y el grito de Rolfooo Rolfooo aún parece escucharse...

Tal vez porque nadie muere del todo cuando se lo recuerda permanentemente.

EL CUENTO DE LUIS EL CHIVO ROLFO

El dueño del grito sagrado durante cuatro años en la república de ALTA CÓRDOBA

por Carlitos Godino




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