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Camila, la chica de la asistencia perfecta


Vive en la comunidad rural de Capilla del Carmen. En los 14 años de escolaridad, no faltó nunca a clases y fue abanderada. Tuvo 9,64 de promedio en todo el secundario y la eligieron mejor compañera. Una historia de esfuerzo en un pequeño pueblo cordobés. “Nunca pensé llegar a tanto. Recibir tantos reconocimientos se siente bien… Después de ver todo lo que se consigue con esfuerzo te dan más ganas de hacer más cosas”. Esa es la conclusión a la que llegó Camila Villena (17), una adolescente egresada de una escuela rural, el Ipem 148 José María Paz anexo Capilla del Carmen, que este año recibió el Premio Sarmiento por su asistencia perfecta en los seis años de secundaria. El logro se suma a otros que ya venía cosechando en el jardín y la primaria: Camila jamás faltó un día en los 14 años que fue a la escuela. Además, y quizá a consecuencia de su asistencia ejemplar, Camila siempre se destacó en los estudios. Fue abanderada en la primaria y en la secundaria. Y, aunque parezca increíble, no conoce un 8: todas sus notas fueron 9 o 10. 

Cada año lograba el mejor desempeño de su curso y egresó con un promedio general brillante de 9,64. Como si fuera poco, este año fue elegida la mejor compañera y, como premio a tantos logros, la Municipalidad de Capilla del Carmen le otorgó una beca para que curse la carrera de Contador Público en la extensión áulica que la Universidad Siglo 21 tiene en Villa del Rosario. 

Vida de pueblo La familia Villena vive en Capilla del Carmen, una pequeña comunidad rural del departamento Río Segundo, a unos 130 kilómetros de la ciudad de Córdoba, cuya principal actividad económica es la producción agropecuaria. Al pueblo, ubicado a 17 kilómetros de Luque y a unos 20 de Villa del Rosario, se ingresa por un bulevar de casas bajas y sencillas. No hay un alma y sólo se escucha el canto de los pájaros. Son tantos que casi ahogan el sonido de la radio del auto. Sacuden la quietud, a la que obliga el calor estival. Si no fuera por el trinar de las aves, el silencio y la soledad aturdirían. ¿Será por eso que el visitante siente deseos incontrolables de andar en puntas de pie para no romper la magia de una vida tranquila, sin ruidos ni apuros? La escuela es casi lo primero que asoma en “Capilla”. Es un anexo del Ipem de Villa del Rosario, al que asisten 70 alumnos. Está linda y cuidada en la esquina de una manzana que comparte con la primaria y el jardín. Viviana Bustamante, la coordinadora del Ipem, cuenta que la matrícula ha ido creciendo año tras año. En 2015, dejó de tener pluricursos para ser graduada (de primero a sexto). Para 2018 ya hay 10 alumnos matriculados en primer año, y podrían ser un par más. En 2013 hubo un solo egresado y, cuatro años después, la promoción se quintuplicó. Los profesores llegan de Villa del Rosario, Sacanta, Calchín, Pilar y Luque a dar clases a esta escuela que comenzó a funcionar en el año 2000, primero como anexo de un colegio técnico, en un edificio que se fue agrandando al ritmo de las necesidades de los vecinos. Son 25 docentes. Los pobladores cuentan que el crecimiento de “Capilla” está muy vinculado a Alladio, una empresa monstruosa, líder en el país en la fabricación de lavarropas, ubicada en la puerta de la entrada a Luque, muy cerca del camino de tierra que conduce al pueblo. Es que muchos empleados de la compañía viven en Capilla del Carmen, donde los terrenos y los alquileres son más baratos y la vida, más tranquila. El mundo de Camila se construye en ese pequeño lugar junto a su mamá, Marisel, modista; su papá, Daniel, empleado del consorcio caminero, y su hermano Marcos (9). “La vida acá es tranquila. Demasiado tranquila, medio aburrida”, describe Camila. Aunque luego lo piensa mejor y agrega: “Lo bueno es que nos conocemos todos y somos amigos”. 

Esfuerzo y dedicación La familia de Camila siempre consideró la educación como algo esencial. Por eso, Marisel y Daniel aseguran que les inculcaron a sus hijos dos premisas básicas: la importancia de ser buenas personas y de estudiar para salir adelante. “En el primario me dieron un diploma de asistencia perfecta. Me entusiasmé y quise hacerlo toda la secundaria. No tenía idea del Premio Sarmiento, quería solamente llegar a la meta de no faltar nunca a clases. Era algo que no se había visto nunca acá. No es algo que todos tienen y lo vi como un gran logro. Todos los años me esforzaba por eso; iba enferma, con dolor de cabeza, de estómago, con fiebre”, se ríe. Primera en su pueblo En verdad, Camila es la primera en la historia del anexo del Ipem 148 que recibe el Premio Sarmiento, una distinción que otorgan las escuelas, con el aval del Ministerio de Educación de la Provincia, a todos los chicos que no saben lo que es faltar un día al colegio. “Fueron seis años yendo a la escuela todos los días, no es fácil tampoco. Está bueno llegar a fin de año así. Al recibir tantas menciones me sentía tan bien que no lo podía creer. Nunca pensé llegar a tanto. Hasta conseguí una beca para estudiar para contadora pública. No me lo imaginaba”, subraya. Su promedio general de la secundaria fue 9,64. Camila dice que no le cuesta aprender y admite que tampoco estudiaba demasiado. ”No estaba un mes antes estudiando, pero sí me esforzaba”, relata. Y plantea: “El estudio es lo que te va a dar el futuro el día de mañana. Me parece que sin un estudio no se llega a ningún lado. Siempre quise que me vaya bien en la primaria y en la secundaria para poder seguir una carrera después. Veía importante que me fuera muy bien si quería seguir estudiando otra cosa. Si me iba mal ahora, ¡qué podía esperar para más adelante!”. Camila reconoce que sacarse un 6 o un 7 no la conformaba. Quería lograr el 9 o el 10. Y lo lograba, sin resignar las salidas de los sábados a bailar a Luque, a Villa del Rosario o a otras localidades vecinas. Es que en Capilla del Carmen no hay boliches, sino sólo ocasionales fiestas de 15. Allí, como en tantos pueblos provinciales, los chicos tienen que recorrer varios kilómetros para encontrar algo de diversión. 

Trabajo en equipo Camila está expectante por lo que vendrá este año. Cursará la carrera semipresencial e imagina un futuro saliendo de Capilla del Carmen a ver otro mundo. Por ahora, le resulta difícil pensar si vivirá toda la vida en el lugar en que nació. “No sé si va a tener mucha salida en el pueblo lo que voy a estudiar. Acá tengo mi familia y no me dan muchas ganas de irme. Pero también me gustaría conocer otros lugares”, apunta. Daniel y Marisel miran hablar a su hija en el living de su casa con evidente orgullo. Están felices, dicen, porque ven que el esfuerzo da frutos. Eso los alegra. “La educación es la base, es el futuro, es la oportunidad que les damos a los hijos. Luego, dependerá de ellos“, opina Marisel. Cuenta que la familia siempre participó de manera activa en las actividades escolares. En este punto, Daniel cree que el apoyo al colegio fue un ejemplo para sus hijos. “Cuando sos chico no te das cuenta cuán importante es ir al colegio o que te vaya bien. Es fundamental que tus papás te enseñen eso, que es importante el colegio, que es importante que vayas, que estudies porque es lo que te va a servir para mañana. Si de chiquita no me hubieran dicho nada y me hubieran dejado hacer lo que quería o que aprobara así nomás o me dejaran faltar porque hacía frío, no hubiese logrado lo que logré”, concluye Camila. 

Fuente: La voz


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