• Revista HECHOS

Colazo: el pueblo cordobés que se hunde en el agua


El ascenso de las napas freáticas dañó la mitad de las casas de esta ciudad a 134 kilómetros de la capital provincial; peligran la capilla y varios edificios públicos

Cinco bombas funcionan cuatro horas por día -extrae cada una 300.000 litros de agua- para que Colazo no se hunda. La mitad de las casas de este pueblo del sudeste cordobés de 1600 habitantes están agrietadas y con problemas por la suba de las napas freáticas. Hace un año, las calles eran ríos y los vecinos improvisaban pasarelas para poder transitar.

En el departamento Río Segundo, a 134 kilómetros de la capital provincial, el pueblo -que vive de la actividad agrícola y de la industria maderera- sufre el problema del ascenso de las napas freáticas que afecta al sur de Córdoba, hacia el límite con Santa Fe y a regiones de San Luis, La Pampa y Buenos Aires.

Un relevamiento de la profundidad en la Estación Agrometeorológica del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Marcos Juárez desde los 70 muestra que pasó de casi 11 metros a menos de un metro en la actualidad.

De las 550 viviendas en la zona urbana, el intendente Rubén Sambucetti (Unión Vecinal) estimó ante LA NACION que hay unas 220 con diferentes grados de afectación: "Algunas se derrumbaron, otras debieron ser volteadas por precaución y otras están en refacción". Para una casa de unos 140 metros cuadrados, un trabajo de fijación a través de pilotes cuesta unos $ 400.000.

Entre los edificios públicos dañados se cuentan la iglesia, la Municipalidad y el Concejo Deliberante. La sede del Banco Córdoba fue arreglada por la provincia. Sin asistencia ni del gobierno nacional ni del provincial, la comuna invirtió $ 1,6 millones para instalar las bombas y ejecutar el sistema de evacuación de agua que va hacia una laguna a unos siete kilómetros del pueblo.

Hoy habrá una nueva reunión de los vecinos para analizar cómo reconstruir la iglesia en el centro del pueblo y que está hundida unos 20 centímetros. Por el costo de la reparación se viene postergando la obra, pero el problema se agudiza.

Guillermo Recanatti, el cura párroco de Colazo, señaló que hasta ahora pudieron arreglar, "a pulmón, con la ayuda de la comunidad", el campanario de la capilla centenaria que está a unos tres kilómetros del pueblo: "Estaba fisurado, a punto de caerse. Se hizo lo urgente y, en un futuro, se reparará el resto de las grietas".

En cambio, en el templo parroquial del centro hay que construir pilotes y la obra demandaría cerca de $ 1 millón. "Venía cediendo y con la última inundación se complicó -agregó Recanatti-. Se usa igual porque, dentro de la desgracia, se hundió parejo y los expertos sostienen que no hay riesgos".

El geólogo Guillermo Skerman, que trabaja en la zona, explicó que el ascenso de las napas se registra desde hace medio siglo, pero que los daños edilicios empezaron a manifestarse hace unos tres, cuando el agua llegó cerca de la superficie.

"Las napas que estaban históricamente a 10 metros subieron y, a los tres, humedecieron los suelos que mientras están secos puede soportar la carga de construcciones, pero humedecidos sus características mecánicas cambian. Ni siquiera hace falta que lleguen a nivel de saturación, a los dos o tres metros el agua empieza a ascender por capilaridad", ejemplificó.

Elvide Pasamonti, vecino de Colazo, tuvo que fijar su casa con pilotes: "Empezó a hundirse, primero medio centímetro y después más; las paredes empezaron a fisurarse, se resquebrajan los pisos porque la construcción presiona". Mencionó que la falta de cloacas hace que los pozos negros sean un factor más de complicación.

Colazo, para tratar de mejorar la situación, trabajó sobre la base de las experiencias de Marcos Juárez y Las Varillas (también en esta provincia), y avanzó gradualmente en el proceso. Hace un año instalaron las bombas depresoras de napa y, en una primera etapa, desaguaron a la calle hasta tanto se terminó la canalización bajo tierra hasta la laguna.

Hoy las napas están a unos tres metros de profundidad y llegan a 2,50 metros si llueve. En los campos, donde no hay bombas, están entre 1,60 y 1,40 metros. "Llegaron a estar a flor de tierra, a 20 centímetros", recuerda Sambucetti. Por la calidad del suelo -de tipo arcilloso- no usaron las típicas bombas arroceras; habrían socavado una caverna debajo del pueblo.

Para Skerman, la construcción de cloacas es una alternativa para avanzar en la solución. La otra es deprimir las napas con canalizaciones tipo circunvalación alrededor del pueblo. "Hay que verificar la relación entre el costo de la inversión y los beneficios antes de decidir".

Respecto de las construcciones, para las nuevas hay que diseñar fundaciones profundas. "La construcción clásica no va, hay que hacer estudios de suelos previos; en las que ya están dañadas sólo queda hacer refuerzos de fundaciones".

Ubicación de la ciudad

Fundada en 1913 por Juan de Dios Colazo, la ciudad está sobre la ruta provincial N° 10, entre Villa de Rosario y James Craik

Pocos habitantes

Según el censo nacional 2010, 1634 personas viven en esta localidad agrícola y de producción maderera del departamento de Río Segundo

Fuente: LA NACION


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